Historia

Rafael Reyes Rodríguez

Rafael Reyes Rodríguez, en la segunda mitad del siglo XIX, hacia 1860 de manera privada, y dieciséis años más tarde, en 1876, de forma oficial, comienza a fabricar el “ANÍS MACHAQUITO”. Pasa de jornalero a fabricante artesanal de aguardiente. Su extraordinaria valía, su tesón y el tiempo que le tocó vivir, hicieron posible su triunfo.

Una curiosa anécdota cuenta que cuando ya era “alguien” por Rute y pueblos limítrofes, comienza su conquista regional. Estando en Linares (Jaén), en todo el apogeo de la minería, descargando sus mulas en el patio de la posada, se animaba cantando medias granadinas. Uno de los mozos que le oía, echó a correr al ayuntamiento y le dijo al alcalde que en la posada había un arriero que cantaba como Dios. Corriendo, volvieron a la posada mozo, alcalde y algún edil, a tiempo de oír, sin ser vistos, aquel recital flamenco. El alcalde le pidió que cantara para una fiesta aquella noche, y él se disculpó alegando que allí estaba para vender su aguardiente, para trabajar, que no era cantaor y que lo sentía pero no. “Su aguardiente está vendido ya, de modo que véngase un rato con nosotros, hombre”. Y, en efecto, el alcalde repartió los pellejos de aguardiente entre algunos taberneros. El fundador de Machaquito cantó para ellos; nació una entrañable amistad que les llevó a ser compadres; los pellejos se multiplicaron por miles y Linares quedó conquistado sin más armas que un cante “jondo” divinamente interpretado, una humanidad impresionante en un sencillo trabajador serio y formal, y una excelente calidad a prueba de paladares exigentes.

Los pellejos dejan sitio a la garrafa o damajuana y, casi a la par, la botella etiquetada, vestida de la mejor manera con los nombres comerciales.

Rafael González Madrid (Machaquito)

En los albores del siglo XX “Machaquito” era el mejor estoqueador de todos los tiempos. Y, sin duda, un gran torero. El abuelo, Rafael Reyes Rodríguez, le pide su nombre artístico para distinguir el aguardiente que fabricaba.

Así nace la marca “Machaquito”, desde 1892, que desplaza a las demás de la casa (“Venus”, “Nueva España”,…).

Nuestro lema imperecedero: la calidad. En cada pueblo, en cada ciudad, se busca y contrata al más serio, al mejor representante. La labor personal lo es todo en aquellos tiempos sin medios de difusión. Por entonces al aguardiente se le añade anisado y llegan a desaparecer ambas palabras para quedar, hasta hoy, la denominación de “ANÍS”.

El ferrocarril amplía fronteras, el automóvil y algún camioncito de mil kilos, arrinconan definitivamente al burro, a la mula y al carro. El abuelo hace sociedad con sus hijos: “Rafael Reyes e Hijos”; entre ellos un político, que entre otras, tuvo una idea que, de alguna manera, emuló al cante del abuelo en Linares.

Rafael Reyes Jiménez

Esta “faena” fue en Málaga: había en la fábrica un coche descapotable, Hudson, negro, impresionante; con él y su banda de música, pues era músico, paseó a todo bombo y platillo, a los acordes de la más alegre y popular música repartiendo botellines de aguardiente Machaquito por todas las calles transitables de Málaga. Toda Málaga quedó agradablemente sorprendida y… se hizo “machaquista”.

Mi padre Rafael Reyes Jiménez y mi tío el músico, Diego, quedan como únicos propietarios. Había por entonces ocho o diez viajantes que visitaban e incentivaban las ventas con su sola presencia, entre representantes y clientes.

En los años difíciles de la posguerra, se deja de fabricar el Machaquito seco cuando alguna materia prima no es óptima. Jamás salió al mercado Anís Machaquito seco “menos bueno” que el normal.

Manuel Reyes Roldán

En 1945, mi padre se desligaba de su socio y quedaba único propietario. A la denominación de “Hijos de Rafael Reyes”, le quita el plural y queda “Hijo de Rafael Reyes”. Con la gestión de Rafael Reyes Jiménez llegaron los mejores años del “Anís Machaquito”.

Tras su desaparición, el 13 de enero de 1965, sus hijos: Antonio, Mª Dolores, Rafael, Manuel, José Mª y Jesús Reyes Roldán, heredan la empresa y la gestionan. Se adaptan a los nuevos tiempos y la heredad la transforman en sociedad; aparece “Hijo de Rafael Reyes, S.A.”, y se conserva el nombre del abuelo: Rafael Reyes.

Ya en el presente siglo el accionariado de la sociedad pasa a ser, tras varias fusiones, unipersonal y yo, Manuel Reyes Roldán, tercera generación del abuelo fundador, me hago cargo de los destinos de la empresa hasta la actualidad.